Friday, May 22, 2009

Epidemia

De repente, los tiempos sociales sufrieron una distorsión. La gente retorno a tiempos idos, a pasajes del siglo XIX y el virreinato. Pese a que el siglo XX y algunos otros tiempos difusos también estaban ahí, más bien se sentía una especie de rizo en el tiempo y un abismo que, al no llenarse, colmaba de tristeza el corazón de las urbes.
Las catedrales, los comercios vacios. Sólo faltaron las carretas con los cadáveres y los zopilotes en el cielo. En cambio, ahí estuvieron las procesiones religiosas, los rosarios, el miedo y el rechazo bordeando los caminos. Fueron largas tardes de puertas cerradas, plazas desiertas, caminantes temerarios y el eco de las fuentes en lugares normalmente estremecidos por la música.
Uno esperaba ver entonces la gente arremolinarse alrededor del pregón o de la proclama – en realidad atentos a la televisión-, escondiendo el machete o la daga, mirándose de soslayo, casi asegurando que este año no llegaría la nao de China por el cierre de Acapulco.
Lo que no cambio fue la imagen del virrey. En tanto pedía la protección de Dios y la Corona, en lo que se mostraba con notables y el Arzobispo, no pudo dejar de evidenciar ese pequeño recelo que le provocaba el silencio de la plebe, siempre tan dispuesta al motín.

Sunday, April 26, 2009

Encuentro con Ramón Kuri Camacho

En algún momento entre 1994 y 1995 llegó a mis manos un número de La Jornada Semanal con un artículo de Ramón Kuri Camacho. Aún era la edición bajo el cuidado de Roger Bartra, por lo que debo eliminar 1995 de las posibilidades. Había estado leyendo esa revista como una especie de rito de paso entre la preparatoria y la universidad y como una manera de ubicarme en el mundo, obviamente, sin ser consciente de ello. El artículo de Kuri Camacho se me escapa irremisiblemente de la memoria. Sólo recuerdo que me gustó y que me enfrentó a los entonces – y todavía ampliamente- desconocidos para mí, Teilhard de Chardin y Orígenes.
Posteriormente, ya en la maestría en literatura mexicana volví a aproximarme a artículos suyos. No eran textos de mi especialidad. Más bien eran incursiones en territorio vecino, lecturas más curiosas que sistemáticas pero que también tuvieron una secuela importante en mi formación. El maestro trabajaba en Puebla, incluso llegué a ver cartulinas invitando a alguna charla en el Colegio de Filosofía y mister negligencia académica siempre se enteraba demasiado tarde o lo dejaba a la próxima que, de repente, no volvía a suceder.
Por esto, convertido ya en una especie de deja vu académico, de guiño familiar de la filosofía (Ahora recuerdo a otro filosofo con el que llegué a no convivir, pero me lo encontraba seguido y si se tradujo en una lectura más frecuente: Luis Villoro. De él sí asistí a la conferencia) no pude dejar pasar un aviso que encontré vía internet: la presentación de un libro suyo en Zacatecas. Después de tantos años, coincidíamos inesperadamente en la misma ciudad ( Claro, ¿para que buscarlo en Puebla? Lo mejor era esperar que el destino lo pusiera a mi alcance en una ciudad apenas conocida. Tenía que ser así).
¿Qué sucedió ese día? Por pura suerte, el evento se había planteado como el equivalente de una cena íntima entre sus exalumnos más cercanos y el maestro, convocados por la presentación de un libro que, precisamente, había sido concebido y desarrollado en diferentes grados tanto en Zacatecas como Puebla. El ambiente era entonces de rememoración y festejo, salpicado de anécdotas y reflexiones. Precisamente la primera persona que se dirigió a mí – no lo conocía físicamente- fue el doctor Kuri. Todavía disfruto esa extraña sensación de no sentirme fuera de lugar entre especialistas, de refrendar el hecho de que la filosofía no es una parcela para expertos y que, de una u otra forma, me ha deparado placeres y sorpresas a mi que no dejo de ser más que un remoto vecino de facultad.
Del libro hablaré en una próxima entrada, sólo aprovecharé para patentizar mi rechazo a la expulsión de la filosofía de los programas de educación media y, sobre todo, de la vida y el pensamiento mexicano a principios de este caótico siglo, tan necesitado de criterios.
Y bueno, afortunadamente, ya conocí al Dr. Kuri.

Thursday, April 09, 2009

Saber demasiado

Acabó de conocer a un físico. Me platicaba con una mezcla de animadversión y desencanto la frase con la que un empleado de una universidad privada rechazó el currículum de su esposa, postgraduada en Matemáticas: “El problema de México es que o no se sabe nada o se sabe demasiado”.
“Se sabe demasiado”. Creo que el verdadero problema es que la impartición de conocimiento se ha vuelto parte del entramado económico de las oligarquías mexicanas y, en esa medida, todo aquello que amenace su postura de coordinadores, gestores y administradores del conocimiento y la riqueza –casi nunca generadores- se verá relegado. Así, aunque sobran carreras privadas como marketing, relaciones internacionales, administración de empresas turísticas, gastronomía, finanzas, etc., (mismas que en cierta proporción son igualmente necesarias) inversiones en áreas de ciencias y humanidades – responsabilidad antes que nada estatal por su carácter estratégico- son cuestionadas en virtud de que “generan desempleados”.
Parte del problema responde a la incapacidad de los egresados de insertarse en la sociedad y defender la validez y necesidad de su conocimiento. Simplemente el científico o el humanista no tienen qué oponer al joven estudiante de preparatoria que anhela con todas sus fuerzas ser policía federal de caminos y extorsionar autotransportistas. La razón es que se acepta de antemano debatir a partir de una escala de valores deforme, contraria a la justipreciación del conocimiento. Y lo que sucede frente al joven estudiante se replica frente al administrador, el legislador, el tecnócrata que prepara los presupuestos y la sociedad civil en su conjunto.
En México no hay quien sepa demasiado. Ese conocimiento es la única baza del país para enfrentar el subdesarrollo y el obscurantismo. Es por eso que el pequeño burócrata del organismo público o privado tratará de cercenar el acceso del egresado al verdadero ejercicio del poder y la libertad: su acceso al trabajo, su acceso a los medios de comunicación, su acceso a la seguridad social. Sólo así su simple fidelidad al empleador – que muy probablemente heredó su riqueza si no es que la malversó- le podrá garantizar al burócrata su permanencia en el puesto.

Friday, March 27, 2009

Zacatecas

Estoy en Zacatecas. La ciudad se muestra como un rompecabezas de piedra rojiza. El reto: no ver lo ya conocido en lo que se despliega ante la mirada. No se trata de folckore, sino de esencias. Por supuesto que otras urbes son convocadas ante la vista de la piedra al atardecer.
En paralelo al nuevo signo de piedra que habito y me habita, aparece una nueva interrogación, una de carácter corpóreo. Este cuerpo que soy yo, siente diferente el entono, la humedad, los aromas, todo aquello que termina traduciéndose en nuevos patrones de sueño y comportamiento.
En realidad, es el pequeño milagro de todo viaje: ver con otros ojos el mismo mundo.

Friday, March 06, 2009

Un experimento de lectura de género

Cayó en mis manos el clásico de Kawabata, La casa de las bellas durmientes. Al leerlo no pude dejar de plantearme la posibilidad de una lectura de género de este libro. No puede ser que lo lea igual un hombre que una mujer. Para un hombre mayoritariamente ( no dudo que pueda haber lecturas alternativas) el tema es la vejez y el deseo. No solo eso. Más bien la vejez, el deseo y la confrontación con el otro, más bien, la otredad máxima: la mujer.
Como sea me intriga que me podría decir una lectora inteligente y no prejuiciada de dicho libro. Ahora mismo, el libro esta en mi mesa de lectura. Ya tengo en mente la lectora y procederé al experimento. A ver que pasa.

Sunday, January 18, 2009

Sobre leer periódicos


Uno
En estos días resulta un padecimiento leer periódicos. Simplemente, son un frente más de guerra. Al lector atento no le queda más que anticipar una gastritis o buscar alguna lectura que le permita apropiarse de lo cotidiano sin perder perspectiva, sin sentir que el destino de Gaza o cualquier barrio marginal es necesariamente su mañana. La poesía y la novela son buenas opciones, sin embargo, a veces me pregunto si quienes escriben son conscientes de esta dimensión de su trabajo.

Dos
Una amiga me contó de su alejamiento del trabajo periodístico. De repente circulo el rumor fundado de que estaban amenazando vía telefónica a sus colegas. La perspectiva de que un día una nota cotidiana significara la desaparición física de un ser querido – o el simple peso de una amenaza anónima a media noche, la hicieron desistir del trabajo periodístico. Nuevamente vi una instancia más de la convivencia social retrocediendo, desapareciendo poco a poco. Cada vez más el buen periodismo cobra una dimensión heroica. Y de por si es raro.

Tres
La lectura. Contrasto la alegría que causa una lectura infantil, el momentáneo deslumbramiento de una buena lectura pública de poesía, a la desgarradora indignación que levantan ciertas notas. Ni decir de la intensidad del reportaje o la crónica. Emociones diferentes. A pesar de que mi espíritu se cansa frente a las tensiones de un espacio público degradado, una convivencia internacional desgarrada y las evidencias de un amplio manoseo de lo privado, el papel que cumple la prensa como constructora de sociedades, de gente consciente y enterada a pesar de los filtros y los silencios impuestos, me obliga una y otra vez a retomar los periódicos, incluso aquellos con los que no coincido en línea editorial.
Todo este tiempo he buscado difundir la lectura como fuente de placer y conocimiento. Pero, ¿Qué sucede con esa lectura necesaria, esa dolorosa lectura que nos concientiza o alerta, la que retrata nuestras miserias colectivas? Algún día ese niño al que le estoy leyendo un cuento clásico, deberá leer la problemática del SIDA en toda su crudeza o lo estaré condenando a la ceguera. ¿Cómo preparamos esa transición? ¿Solo se da? ¿La lectura de ciertos discursos – el histórico, el antropológico y el periodístico, por decir algo- es un ritual de paso a la madurez? ¿El concepto de madurez es aplicable a una sociedad?

Sunday, December 21, 2008

Una noche prenavideña

Anoche tuve un anticipo de las reflexiones de fin de año. De momento me detengo en una mesa larga donde los participantes de un círculo de lectura muy particular se retiran después de un convivio. Sólo quedan viejos amigos: poetas y narradores. La charla gira sobre las letras locales y nacionales, sobre el tremendo contraste entre el juego de los egos y las obras obtenidas.
Lo central, llegamos al acuerdo, es qué se busca al escribir. Si no es escribir algo válido – aquí podría poner algo “bueno” “decoroso” “grande”, no importa tanto el adjetivo, todos saben distinguir entre el texto que lo es y el que no- ni se alcanza ese segundo objetivo ni se escribe.
Hay otra dimensión. La verdaderamente importante para todos. La vida cotidiana. Esa rutina cuyos quiebres nos deja cicatrices y dones. Los amores, los viajes, los tedios y el sufrir. Ahí más o menos íbamos todos, como más o menos va cualquiera. Esa que resulta más reconocible a través de un vaso lleno de un bebedizo solo apto para estudiantes de humanidades , artes gráficas y desempleados. Aquí estamos. Sin pareja la mayoría, felices pero con toda la marcha del calendario vibrando por detrás de las luces y el manipuleo sónico del d.j. Ya es suficiente hazaña. La gente que ahí bailaba era la interesante, la que nos construía con sus miradas y sus vivencias. De alguna manera, esa atmósfera de bruma distorsionaba una ósmosis que se da en todo momento, pero sólo se manifiesta en esos momentos de alegría y festejo. Esa telaraña que nos une imperceptiblemente y de la cual la telaraña de la palabra escrita es sólo una manifestación más. Hombres y mujeres en comunión. Todos ellos donde sea que estén.
Faltan los buenos textos. Demasiada gente intentándolo, pero aún no los frutos, quizá ni siquiera la entrega necesaria en las cantidades requeridas. Una lucha en la que bien podemos darnos por muertos los que nos movemos en los linderos de la literatura, pero no menos necesaria, peligrosa y prometedora.

Friday, December 12, 2008

La enorme luna

Casi por casualidad descubrí que la luna de este doce de diciembre será la más brillante en quince años. La nota aparece en http://www.eluniversal.com.mx/articulos/51437.html
Yo en particular tengo una fijación especial con este astro. De nueva cuenta la clave esta en la infancia, cuando su aparición resultaba algo mágico, ya que siempre surgía o de la sombra de los platanales o del mar.
Con el tiempo, me quedó esa especie de sentimiento de lo numinoso que tan rápidamente se pierde con los años. La recuerdo una y otra vez iluminando las casuarinas en la playa de monte Gordo, manchando de amarillo mi percepción de octubre, perdiéndose en ecos de olas y mugidos de vacas. Otra de mis imágenes atesoradas es de una luna creciente apareciendo en la madrugada, apocalíptica y de cristal.
Hoy vi esta luna desde un auto en movimiento y, luego, sobre la parte más vieja de la ciudad. No se trataba solo de una gran luna, sino de ese momento único: viernes, doce de diciembre, la gente de compras prenavideñas, el cielo despejado, azul cosmos. La ciudad quedaba abolida y de nuevo era el cielo y la tierra, los árboles, la piedra.
Y queda Venus para una próxima entrada.

Tuesday, November 25, 2008

Grandes problemas, pequeños actos


Vuelvo un poco a temas públicos. O al tema público como asunto de reflexión literaria. Me cansa sobre manera el lugar común que indica: “la realidad supera a la ficción” o mejor aún: “los políticos dejan a los escritores sin temas”. Por favor. Uno no se entera de la realidad per se ni cuando le platican los niños qué hicieron en el recreo. Siempre estamos ante distintos discursos, distintas narrativas, convencionalmente cargadas de verosimilitud pero no por eso menos narrativas. Esas quejas crecientes representan dos cosas: falta de compromiso con el papel del ciudadano y falta de compromiso con el papel del escritor. Si la realidad nos supera tanto como para no participar de ella (en el campo de la acción cívica o política, no en el papel de mero espectador o consumidor de información) en realidad nos estamos desentendiendo de los procesos que conforman lo público y avalando por omisión esa realidad calificada de negativa o decepcionante. Peor aún si decimos que dicha realidad no es susceptible de ser narrada de otra forma, reelaborada de manera tal que elementos de esos hechos, puntos de vista hasta ese momento inadvertidos, no sean señalados. En ambos casos estamos ante una abdicación y una velada complicidad en relación con los procesos que dejo se me escapen de las manos.
Quizá no pueda evitar que tal organización introduzca tantas armas a tal país, pero si puedo hacer que un niño valore la vida. Distintos niveles de operación ante un mismo fenómeno, pero ninguna abdicación.

Saturday, October 25, 2008

Sobre una lectura de literatura infantil

Hace unos días apoye a una gran amiga, Rosa Águila Méndez, para que realizara una lectura de literatura infantil. Para mi fue algo bastante exigente, pocas cosas me generan tanto respeto, tanto desconcierto - ¿tensión acaso?- como los niños. De hecho, creo firmemente en lo que decía Baudelaire “Tenemos de genios lo que tenemos de niños” en el sentido de que lo que nos queda de imaginación, inventiva, capacidad de disfrute y alegría es una pálida sombra de las capacidades de la infancia. Por lo mismo, me resulta un público exigente. Para ella, en cambio, no hubo problema: los entiende, de repente se esta divirtiendo con ellos y ya no los deja, va dirigiendo el relato como se dirigiría una orquesta o más bien un hechizo y pronto, todos somos arrastrados a disfrutar la narración.
¿Qué me quedo de la experiencia? La lectura estaba llena de niños inteligentísimos, vivaces, curiosos. Sus padres se habían tomado la molestia de retar el mal horario y la impaciencia de sus hijos, con tal de que disfrutaran la tarde en algo cultural. Muy pronto, la vieja idea del receptor pasivo y el narrador activo se había superado. Uno o varios de los niños tomaban la batuta y en medio de la convivencia el adulto volvía a jugar con las palabras o la imaginación. Muchas de nuestras certezas de “mayores” se revelaban como prejuicios y pretensiones. El contraste entre la espontaneidad y el arrobo de un escucha infantil, comparado con el escepticismo o ausencia de los escuchas de un evento formal como las presentaciones de libros, resultaba demoledor.
Y entonces de nuevo la duda que tantas veces me asalta cuando doy clases: ¿y los demás padres? Porque durante mi experiencia docente, ya en preparatorias o universidades, lo común era encontrar el producto final de un completo abandono paterno: ni libros leídos antes de dormir, ni conversaciones, ni cine, ni nada. Es brutal la diferencia entre unos y otros pequeños. Tan brutal, que se llega a un momento en que quienes están cursando educación superior resultan bastante similares, producto de entornos lectores y melómanos como los que ellos mismos pretenden reproducir.
Salí contento de la lectura (mi papel se redujo a encender una grabadora, cabe recordar. Sólo eso me puso nervioso). De institucionalizarse la difusión cultural y vincularse a los padres en ese proceso, se lograría tanto…
Por lo menos esa tarde, muchos se divirtieron.

Saturday, October 11, 2008

La necesidad de escribir

He estado escribiendo con una cierta inconstancia los últimos días. La caída de Wall Street y las repercusiones que esta crisis económica y paradigmática tendrán sobre el mundo de la cultura y las representaciones simbólicas me resultan definitivamente inabarcables. Es como asistir a la erupción del Vesubio (Plinio el Viejo sabría a que me refiero. Murió al estar haciendo anotaciones sobre el evento).
Es aquí donde una vieja problemática vuelve a asomar su rostro: la relación entre la esfera de lo social, entendida en su dimensión histórica, económica y política (por decir algo) y el plano de lo cultural y literario. Siempre hay algo de egoísta, de aislado en la creación literaria – por no hablar del estudio humanístico y demás-. Por otro lado, el ser social del escritor y el lector jamás se pierden. Y la vieja danza entre la libertad y la responsabilidad, la manipulación y la propaganda, el vacío y el sentido, se reanuda.
Francamente hace mucho que renuncié a algo más allá de una cierta participación cívica. Creo que las grandes transformaciones se hacen poco a poco y sin aspavientos. Cuando se manifiesta una coyuntura de las que se llaman históricas es porque durante años generaciones y generaciones han pugnado por construir algo. Y no he dejado de ver en las obras literarias un producto especialmente complejo y autónomo de la actividad humana. Aunque me he especializado en analizar a las obras de manera inmanente en cuanto que es la única lectura que le puede ser completamente fiel y justa a las condiciones que le dieron origen (un tiempo y lugar determinado, un horizonte cultural, ciertas preocupaciones no evidentes de la sociedad) no dejo de sentir predilección por aquellas obras y géneros donde el orden se pierde y una multiplicidad de lecturas más o menos fundadas pueden ser hechas. La novela, los géneros periodísticos, la crónica, el cuento. De repente y sobre todo en sus manifestaciones más contemporáneas, se esta ante un maremágnum discursivo que evoca la multiplicidad de voces y versiones que constituyen la experiencia vital de lo cotidiano. Es el enfoque, la lectura la que le da orden a ese maremágnum y no al revés.
Por supuesto que esto lo digo como escritor aficionado y lector sorprendido. Son mis intuiciones y no un trabajo de investigación sujeto a una metodología lo que me guía en este momento. Y lo gracioso y lo remarcable es que, pese al momento tan difícil, tan plenamente histórico que se esta viviendo, sé que la literatura no esta perdiendo relevancia, sino que al contrario, en lo que se escriba, en lo que se lea, en la manera en que se desenvuelvan y se revelen las fuerzas expresivas, resignificantes de una cultura cada vez más próxima a lo universal ( una literatura multipolar, plural, pluriétnica y múltiple solo unificada en cuanto producto de lo humano), se encuentra una de las claves primordiales para construir un futuro vivible.
Se debe escribir, se debe leer. En las universidades, fuera de ellas. Con método o libremente. Simplemente sin dejar de gozar, respetando las aspiraciones y los objetivos ajenos. Solo así la palabra escrita dará testimonio de nuestro tiempo a otro.

Sunday, September 21, 2008

Retorno a la obra de María Luisa Puga

Una lectura recurrente los últimos meses ha sido María Luisa Puga. Lo extraño del caso es que en realidad me refiero a una sola novela: Las posibilidades del odio (1978). La he releído morosamente capítulo tras capítulo. Al principio pensaba dedicarle algún ensayo académico (Veo la mirada fulminante de mi exasesor pidiendo más y mejores publicaciones en revistas especializadas mientras escribo esto). Y aunque la idea no esta descartada, en realidad no supero aún la lectura de alguien que conoce la tremenda dificultad de cuajar una historia y se encuentra frente a algo verdaderamente bueno. Sigo atrapado, incapaz de ver un constructo poético o un discurso estético en ese libro. No puedo llegar a ese nivel de lectura. Veo una autora magistral, una escritura que primero atrapa y que en la relectura, cuando uno comienza apreciar toda la malicia literaria, el punto fino que ensambla los distintos relatos embosca al lector sin que se de cuenta.
¿De que trata Las posibilidades del odio? En un cierto nivel, es una novela que explora distintas formas de experimentar la vivencia del otro (el otro como pueblo, como individuo, como persona), de aproximarse a él y entenderlo en cuanto humano en un marco muy especifico. Resulta que es una de las pocas novelas mexicanas ambientadas fuera de México: en Kenia para ser exactos. En ella se muestra la manera en que el proceso de colonización y descolonización africano es vivido y sufrido por distintos seres humanos de diferentes estratos sociales. Quiero recalcar que no es un tratado político o histórico. Es una novela sobre la identidad puesta cada vez más en cuestión, amenazada y transformándose a cada momento. Al ser la autora parte de la periferia del mundo desarrollado, pero no africana, puede acercarse a esa realidad sin los prejuicios de las sociedades involucradas en el proceso de construcción de las identidades africanas, pero a su vez lanzar luz sobre ciertos rasgos que los latinoamericanos no queremos tomar en cuenta: tanto el carácter neocolonial de nuestras sociedades, como nuestra ambivalencia ante el extranjero y los grupos étnicos internos.
Si, definitivamente. Hace falta el ensayo académico (Por cierto, en unos días voy a anexar alguna bibliografía al respecto porque no se vale antojar y no dar la dirección del restaurante).

Friday, September 19, 2008

Pausa

Aunque no he terminado la reapropiación de uno de mis últimos viajes a mi pasado e historia familiar (quizá el último de gran aliento hecho con mi padre, cada vez más reacio a los grandes desplazamientos), necesito cambiar el sentido de estas entradas a temas de otro tipo.
Lo bueno de viajar es que implican un debilitamiento de la entrega a la lectura (tan similares un acto al otro, que si no) y eso permite volver a viejas lecturas con otros ojos. Entonces, aunque salpicaré aquí y allá el blog con nuevos episodios de viaje, por el momento me voy a centrar en ciertas reflexiones que sólo la distancia a la lectura pudo generar.

Friday, August 29, 2008

Puerto Arista


Desembocamos en una carretera muy estrecha. Las ramas de los mangos cubren una buena parte de la orilla. Las frutas penden sobre nosotros, su aroma invade la noche. Un pequeño tlacuache olisquea la fruta caída. Hay una cierta placidez en las cercas pintadas de blanco y la sucesión de árboles adivinados.
De repente, una vaca. Una cebú joven de lustroso color chocolate en medio del carril rumiando sin preocupaciones.
-¡Una vaca!
- De veras.
Mi padre la esquiva sin problemas, algo sorprendido porque el color oscuro la escondía de lejos.
-¿Dónde es aquí?
- Puerto Arista.
-No tengo nada que hacer en Puerto Arista.
Un enorme faro a nuestra derecha y una sucesión de palapas y restaurantes vacíos frente a nosotros nos informan que hemos errado el camino.
Miramos de nuevo. Detrás del portal de material se extiende una playa apenas ocupada. Se ve el mar lamiendo la arena en medio de una noche añil, mientras el faro se baña de luz de luna. No, no es un error pero hay que regresar.
Al retorno, la vaca ya esta echada, rumiando y rumiando en medio de la carretera.

Thursday, August 14, 2008

Retorno

No daré razones ni antecedentes del viaje. Comenzaré con un largo boulevard con camellón central, líneas ferroviarias paralelas, largas luminarias que emiten una luz que se pierde en medio de la bruma, el calor y la humedad haciendo sudar todo. Son las doce de la noche. Tuxtepec Oaxaca.
Mi padre tiene en mente la carretera a Palomares. El la corrió nueva: larga y solitaria. A ambos lados del camino crecían zacatales. Las vacas se tendían en el asfalto y a partir de las dos de la mañana era probable ser asaltado.
La memoria es difícil. Pasamos junto a un cañal ardiendo. La zafra. Mi madre recuerda uno igual veinticinco años antes. Yo veo un puente, “Puerta del Papaloapan” . Lo recuerdo, pero la primera vez que lo vi, no sabía leer.Mi padre quiere aprovechar la noche. De día el sol calentará el pavimento y será insoportable. Ya hay cercas. Poblado tras poblado: Maria Lombardo, Miguel Hidalgo, Augusto Gómez Villanueva. Hay topes y gasolinerías. Me llega el recuerdo de búsquedas nocturnas entre sueño y sueño. No debía dormirme: tenía que ver si cruzaba algún animal. La noche continúa su juego de sorpresas: un oso hormiguero cruza y, sin querer, me regresa a ese tiempo

Wednesday, July 02, 2008

En el mar

La ola rompe en la playa. De nuevo estoy bajo el sol del Pacífico en una costa apenas conocida. Hace 14 años se llamaba Puerto Madero. Hoy es Puerto Chiapas. La arena es similar, aunque ya no puedo ir como quisiera a las escolleras, el paso esta cerrado. A la orilla de la playa, hay una serie de casuchas donde ofrecen pata de mula, cerveza y pescado frito barato a quien llega de visita.
Son las tres de la tarde. Por hoy no me mojaré ni siquiera los pies. Este aire que venía intuyendo desde la Ventosa es suficiente. Hay gente bañándose, otros corriendo en la orilla como corresponde a un equipo de futbol. La línea del horizonte es de ese profundo azul verdoso de este océano. Me quedo sentado en una silla bajo una palapa. En la otra mesa hay una familia que habla portugués y me intriga vivamente. También me intriga mi propia familia, apenas intuida en estos catorce años, ahora ofreciéndome una visión de la convivencia que es la mía pero se ordena de manera distinta, cuestionándome.
Pasaremos la tarde recorriendo las carreteras de la costa, entre platanares y algunos potreros, sorprendiéndome ante algunas plantas de achiote y grupos de palmeras que no son como las de Veracruz. El verde surcado por la línea de la carretera me parece suficiente premio. Algún día volveré a este azul extraño que mentalmente me baña los pies.

Medio año después

De repente descubrí que ya era Julio y no había colocado nada nuevo en este blog. Más bien, he pasado demasiado tiempo pensando que sería lo adecuado. Desde hace semanas, por ejemplo, he venido trabajando en unas notas de viaje que, por supuesto, quieren alcanzar el estatus de un libro de viaje. Igualmente he estado revisando algunas escritoras muy interesantes que, nuevamente, exigen se escriba de ellas para romper o modificar el mainstream de ideas respecto a su obra.
En realidad lo conducente es escribir de nuevo sobre cualquier cosa, sin ton ni son, y esperando que de alguna manera esta serie de pequeños textos despierten la curiosidad o el interes de quién llegué a toparselos en el ciberespacio.
Va de nuevo.

Sunday, February 10, 2008

Crítica de escritorio

Me encontraba charlando con un gran amigo. Él tenía una sólida formación en diversas disciplinas filosóficas. En determinado momento le hablé de una crítica que hice a una escritora contemporánea. Él sólo me dijo:
- Bueno, sí Marco, pero esa crítica la pudo haber hecho cualquiera. En realidad estas pasando por alto cosas más graves en esa postura y no dices nada al respecto. La tuya es una crítica de escritorio. Deberías ir mucho más allá.

Hoy escuche una crítica que me trajo este recuerdo a la mente. Tan contundente, tan bien estructurada, tan a propósito para generar adhesiones y aplausos. El problema es que no iba más allá, repetía tópicos comunes y sólo buscaba patentizar una libertad de criterio que no realizaba ningún verdadero esfuerzo por aportar algo nuevo a la discusión.
Quizá estuviera bien para el contexto. Pero no basta.

Friday, January 11, 2008

Feliz Año

Obviamente ya tengo más de doce días en este año. Mi estado de ánimo es muy diferente al que tenía cuando acabó 2007 y ni se diga 2006.
En estos días espero presentar examen de grado. Es gracioso: siempre parezco tranquilo, como en otra cosa (quién sabe por qué ahora me asalta a cada momento la imagen de una pirámide en medio de la selva: piedras blancas y grises manchadas de humedad y musgo), como si le robara a lo cotidiano espacios para lo importante. Y luego, cuando por fin enfrento y supero el compromiso, la angustia se desata. Siempre estuvo ahí: vigilada, atada como el lobo Fenris (hermosa leyenda escandinava. Lástima que cuando se suelta el mugre lobo devora al mundo, pero los detalles de su atadura son hermosos. Merece su propia entrada) y cuando salta, quedo postrado.
Y luego viene la vida real. Y eso es lo que me tiene feliz porque los compromisos académicos, después de cierto tiempo, son un peso en el alma.

Bueno, la cuestión es que este año es de crisis y toda crisis implica fuerzas en conflicto. Ojalá y estemos entre las fuerzas de lo viviente y vivificante.
Un abrazo.